“Es necesario, a veces, que algunos aspectos de la entidad como artista sean aclaradas, o al menos expuestas. En lo que me concierne, podría decir que mi viaje en el mundo del arte y mi necesidad de volcarme profundamente en los conceptos clásicos y hacer “el viaje al revés”, está condicionado al hecho simple de ser autodidacta.
Como veo claramente mi necesidad de volver al concepto del mas serio academicismo y con él al rigor, al análisis y al método, para después interpretar el concepto moderno con el conocimiento y el debido respeto a las formas.
Pasar en suma, en encuentro con la verdad a la búsqueda de esa supuesta verdad. La síntesis después del análisis. El conocimiento como única formula para crecer en este laberinto extraño que es el arte.”
Jose Manuel Gomez
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José Manuel Gómez nació en un pequeño pueblo rural de Córdoba, España, en 1940. Creció en el seno de una familia en su mayoría de veterinarios y se marchó a la ciudad de Córdoba a los 17 años para perseguir su interés en las artes.
A los 19 años se mudó a Madrid, donde se dedicó prácticamente a la música, de la cual vivió como guitarrista durante al menos 4 años, formando un trío con el cual grabó 5 discos. Continuando su interés en la música, se traslado a Málaga, y junto a otros amigos, empezaron a ejercer de músicos empresarios y abrieron un club.
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En 1964 visitó París, donde se quedó a vivir y definitivamente empezó a pintar. Realizó su primera exposición en 1965 en Vannes, Francia. En 1973 regresó a España después de haber realizado numerosas exposiciones sumamente elogiadas en París y otras ciudades de Francia.
Ha participado en más de 30 exposiciones individuales y colectivas en ciudades como Amsterdam, Biarritz, Cannes, San José (Costa Rica), Nantes, Madrid, Málaga, Santander, México DF, y París. Entre los coleccionistas privados del artista destacan: la Familia Dassault, fundadores de Aerolíneas Mirage, Yves Rocher, magnate francés de la cosmetología y dueño de una de las más grandes colecciones privadas con más de 50 de sus primeras obras, la Familia Real Saudita y la Familia Real de Kuwait.
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Principales Exhibiciones Individuales
| 1966 |
Galerie Rond-Point Elysees. |
París |
Francia |
| 1967 |
Galerie Rond-Point Elysees.
Meson de la Bretaña. |
París
París |
Francia
Francia |
| 1968 |
Galerie de la Gazette.
Galerie Bourlaouen. |
París
Nantes |
Francia
Francia |
| 1970 |
Galerie Vallombreuse.
Galerie Moysan.
Galerie Ives Jaubert. (Auspiciada por el Ministro Francés de Educación, Sr. Olivier Guishard) |
Biarritz
Vannes
París |
Francia
Francia
Francia |
| 1971 |
Galerie Bourlaouen. |
Nantes |
Francia |
| 1972 |
Galeria Grosvenor. |
Madrid |
España |
| 1974 |
Galeria Peninsula.
Galeria Dintel. |
Madrid
Santander |
España
España |
| 1975 |
Galeria Malake.
Galeria Studio. |
Malaga
Córdoba |
España
España |
| 1976 |
Galeria Melia. |
Granada |
España |
| 1977 |
Galeria Melia. |
Granada |
España |
| 1978 |
Galeria Isa.
Galeria ”21-22”. |
Marbella
San José |
España
Costa Rica |
| 1979 |
Galeria Jarvy. |
Almeria |
España |
| 1981 |
Gallery Ausstege. |
Amsterdam |
Holanda |
| 1987 |
Museo Nacional de Costa Rica. Exposicion V Centenario.
(Inaugurada por el Nóbel de la Paz y Presidente de Costa Rica, Sr. Oscar Arias.) |
San José |
Costa Rica
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| 1990 |
Galeria Heller. |
Madrid |
España |
| 1991 |
Casa de la Cultura.
Sala 2000. |
Fuengirola
Córdoba |
España
España |
| 1992 |
Galeria Arte Porticvs. |
Málaga |
España |
| 1995 |
Grupo Serfin. |
Mexico D.F. |
Mexico |
| 1997 |
Casa Fuerte de Bezmiliana. |
Rincón de la Victoria |
España |
| 1999 |
Galeria Castello 120. |
Madrid |
España |
| 2000 |
Sala de Exposiciones Cajasur. |
Córdoba |
España |
| 2003 |
Galeria Castello 120. |
Madrid |
España |
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Autobiografía
Corrían los años 60 y yo era un estudiante, uno de los que no pudieron concluir sus estudios. Así que como era un buen músico, aficionado, pero muy hábil con la guitarra, me refugié en mi alternativa que me pareció el medio más a mi alcance para poder salvar mi situación. Mi buena reputación como guitarrista me ayudó rápidamente a formar un conjunto. Fue un trío que durante algún tiempo, al menos tres años, funcionó muy bien. Grabamos varios discos y teníamos buenos contratos, hasta el día en que mi hermana que era uno de los componentes se casó. Se marchó con su marido a Perú y yo me quedé solo con mi guitarra. Y vuelta a empezar.
En los años 60 se empezaban en España a sentir los primeros vientos de cierta libertad. El régimen se hacía más tolerante, obligado por la enorme cantidad de turismo que llegaba al país de toda Europa y de América y mucho de EE. UU. Empezaba en ese momento la enorme promoción de la “Costa del Sol” y los nombres de Marbella y Torremolinos eran conocidos en casi todo el mundo. Especialmente Torremolinos en ese momento acaparaba casi todo el interés turístico por ser con seguridad el lugar más divertido y más libre. El régimen había abierto la mano convirtiendo este pequeño pueblo de Málaga en el centro de atención de turismo europeo y americano. Allí proliferaban los clubs y las salas de música en vivo. Se vivía de noche y era francamente divertido y ameno. Era el lugar ideal para intentar mi nueva aventura; así que agarré mi guitarra y me fui. No podía ni imaginar que aquella decisión transformaría mi vida radicalmente.
Empecé a trabajar con mi música y las cosas me fueron bien y al cabo de poco más de un año alguien me ofreció un local en alquiler para que formara mi propio club que se llamó MANHATTAN. Y allí junto con otros músicos amigos míos empezamos a ejercer de músicos empresarios.
Pues bien en mi club un buen día conocí a una chica francesa que parecía sentir un gran interés por mí, hicimos amistad y al terminar sus vacaciones me invitó a conocer París. Como es de suponer para un joven de mi tiempo que nunca había salido de España, París era casi un sueño. Representaba el paradigma de la libertad y de la cultura, el albergue de las artes de todo el mundo y que consideraba a los artistas como elementos sociales de primera clase, ayudándolos y protegiéndolos. Yo tenía a la sazón 24 años. Estaba lleno de sueños sin cumplir y me sentía un artista. Mi decisión fue rápida, y una vez más agarré mi guitarra y me fui detrás de un presentimiento que muy pronto se cumpliría. Cuando llegué a París sentí de golpe el efecto mágico que producen las leyendas cuando se hacen realidad. Todo me parecía impresionante y culto. Su historia se podía leer en sus momentos cuidados con esmero y su cultura en la consideración y el culto a la belleza y al arte. Aún se masticaba en los años 60 un soplo bohemio que lo impregnaba todo y me acercaba al film “Un americano en París”. Así percibía yo ese fantástico mundo. Me sentí un ser privilegiado de ser un artista y estar allí.
Mi segunda sorpresa estaba por llegar cuando descubrí que mi anfitriona en París era miembro de una familia poderosa. El patriarca era el famoso cosmetólogo Yves Rocher que generosamente me ofreció su casa. Este gesto me creó enseguida una deuda hacia él, que yo sentía una obligación satisfacer lo más pronto que me fuera posible para demostrar mi agradecimiento. Empecé como era mi propósito a tocar en algunos sitios y así durante algún tiempo la cosa no me fue mal. Me desenvolvía, aunque cada vez me gustaba menos este mundo de la noche y ya desde hacía tiempo me era incómodo no por nada especial, quizás porque soy más solar que lunar digo yo.
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Yo llegué a París en el mes de octubre y cuando se acercaban las fiestas de Navidad creí que era el momento de corresponder a tantas atenciones; pero, mis medios eran escasos así que decidí optar por ofrecer algo muy personal, un dibujo. Mi facilidad para dibujar era enorme. Dibujaba desde pequeño con la misma facilidad con que se habla. Al punto que esta cualidad nunca le di la menor importancia. Me gustaba dibujar mucho, pero para mí, era algo lúdico y además como no me costaba ningún esfuerzo lo tenía desconsiderado o más bien relegado al plano de las cosas fáciles. Así lo creía yo en ese momento. Me puse pues a trabajar a la pluma sobre una maternidad de gatos siameses que por sus contrastes tanto se prestaban a esta disciplina y cuando llegó el día de Navidad ofrecí mi regalo.
Nunca olvidaré la cara de estupor de Yves Rocher cuando lo vio. Miró el dibujo me miró a mí y me dijo ¿tu has hecho esto? Cuando le respondí que si se quedó pensando un momento, después me miró y me dijo, deja de perder el tiempo con la guitarra tú has nacido para ser pintor. Yo me quedé perplejo al oírlo no podía entender ese mensaje ¿qué era ser pintor? La idea que yo tenía de los pintores me dejaba muy fuera de mí de cualquier identificación con ellos, jamás había pensado en la pintura de otra manera que como algo bello e inalcanzable, y nunca había constituido para mí una ambición el ser un pintor. Carecía de cultura artística y el dibujo para mí era simplemente una cualidad con la que había nacido tan natural como moverme. Por eso aún hoy me sigue sorprendiendo la intuición de Yves Rocher. Un hombre de negocios de enorme nivel ajeno absolutamente al mundo del arte, acababa de descubrir a un pintor que aún no había pintado ningún cuadro. Misterio.
Me puse al principio a dibujar y a estudiar el dibujo y sus posibilidades. Mi capacidad natural me ayudaba a procesar con rapidez cualquier información. Me inscribí en academias de arte para practicar el dibujo de escuela y saber transportar correctamente del natural, y así poco a poco empecé a sentir un gran amor y respeto por este trabajo, y no escatimaba el tiempo ni el esfuerzo. Era una obsesión. Se me hacían los días y las noches cortos. Como si quisiera recuperar el tiempo perdido trabajaba intentando comprender cada vez un poco más lo que cada día me iba pareciendo más difícil y más fácil al mismo tiempo. Mi habilidad me permitía ejecutar con soltura los problemas que me planteaba; pero, había que construir los conceptos. El ánima de toda proposición artística estriba en el concepto y la manera de desarrollarlo. “Encontrarse a uno mismo” esa frase hecha en el arte que encierra la esencia misma de la personalidad de un artista: la personalidad que es capaz de firmar sin la firma, y aporta el toque intransferible de su creador a la obra. Me preguntaba si esto me ocurriría a mí alguna vez. Trabajando solo y sin guía me quemaba el cerebro intentando encontrar la relación entre las cosas que hacía y el motivo interior que las impulsaba, para poder ir conociéndome desde otro ángulo diferente al que estaba acostumbrado a percibir. Empezaba a sentir la angustia que genera el acto creativo y que no se puede escapar de ella sino creando. Pero este generador del arte viviría ya por siempre conmigo consiguiendo mutar definitivamente mi personalidad y afirmando aún más mi deseo de realizarme como pintor.
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Aún no había pintado, y jamás habría tenido la intención pero de pronto sentí la necesidad de hacerlo. Tantas y tantas exposiciones como había visto me habían creado una sensación de estar comprendiendo sin saber por qué pintar era algo que podía hacer. Lo sentía muy próximo, lo entendía y quería intentarlo y lo hice. Y muy pronto me di cuenta de que aquello era otro mundo. Terriblemente difícil en el que las ideas se me diluían como los colores en el óleo cuando intentaba pintar algo. Era ingrato, sucio, difícil de manipular. No se parecía en nada a la facilidad del trazo y a la limpieza caligráfica del dibujo. Estaba desesperado.
Opté por empezar a pintar sin casi ninguna proposición que no fuera la de aplicar el color y distribuir los espacios como mi sentido estético me daba a entender para buscar el equilibrio y la armonía desatendiendo casi totalmente cualquier proposición voluntaria. Dejé a mi instinto pintar. Devoraba todas las exposiciones de los maestros modernos que podía y me empapaba de sus técnicas y de sus conceptos. También me ayudaron muchísimo las infinitas tertulias con amigos pintores que fueron alimentando mis ideas y criticaban mi trabajo. En ese momento se formaron en mí los criterios que aún me guían, y también me ayudaron a comprender el arte que llamamos “moderno” que tanto admiro y que sigo practicando siempre. Se me propuso hacer una exposición en Madrid. Yo vivía aún en París y me atraía exponer en mi país por primera vez. Y en el tiempo que duró la exposición un amigo mío me propuso una visita al museo del Prado. Naturalmente yo no le dije que nunca había estado allí. Me parecía algo inconcebible decirle que un pintor español no conocía El Prado. Jamás olvidaré esa visita.
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Era la primera vez que veía en realidad cuadros de maestros clásicos y creo que me sentí hasta mal físicamente del impacto emocional que experimenté. Me sentí un insecto pretencioso llamándome a mí mismo pintor, después de ver a los maestros flamencos, a Velázquez, a Goya … Dios mío el mundo se me cayó encima, los odiaba por haber destruido en mí la poca fuerza que tanto me había costado acumular. Pero ejercían sobre mí una atracción poderosa que me obsesionaba hasta el punto que un día me propuse una tímida tentativa; y me acuerdo que fue una pequeña tabla en la que pinté un personaje que sorprendentemente no me produjo el vómito que me esperaba. Lo digerí. Lo estudié. Comprendí ciertas cosas y lo volvía a intentar, y así una vez y otra, y otra, y otra. Cada vez conseguía algo nuevo hasta que aprendí a pensar de esa nueva manera.
Esta manera de pensar y de pintar que (como autodidacta constituía mi gran reto pues implicaba todos los conceptos académicos que no había tenido) se fueron apoderando de mí hasta constituir mi personalidad como pintor. Pero sin dejar atrás mi concepto moderno con el que experimento con frecuencia y al que tanto debo. Todo esto ocurría durante los años que pasé en Francia, que fueron realmente años de estudio, porque el profesional fue en España donde se hizo, cuando conocí a la que hoy es mi esposa y madre de mis hijos en el año 73 y tuve que enfrentarme a la dura realidad del arte como medio de vida. Había tomado tierra. Ahora intervenía otro componente del artista: el carácter y la fe. Sin esos ingredientes la habilidad no es nada. Pero la pintura me defendió bien a mí y a los míos. No me puedo quejar. Mis cuadros oníricos en los que contaba mis cuentos fantásticos y en los que muchos críticos veían la influencia de El Bosco, me prestigiaron y fueron mi línea de trabajo bastante tiempo.
Luego vino mi trabajo sobre el caballo español que tanto me ha dado a conocer y que yo trabajo con tanto placer dada mi afición al caballo desde niño. Todo este mundo tan ecléctico influyó con seguridad, convirtiéndome en un pintor versátil y considerar todas las disciplinas y conceptos bajo el mismo techo, el que protege el arte de pintar.
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