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JOSE MANUEL GOMEZ EN LOS SELLOS DE CORREO
Por segundo año consecutivo, la serie "España 2000, Caballos Cartujanos" se dedicó a la difusión del caballo de la Yeguada la Cartuja-Hierro del Bocado. Esta yeguada desciende directamente de la raza autóctona que existió en Jerez de la Frontera a finales del siglo XV, y que durante tres siglos los monjes cartujos criaron y cuidaron hasta llegar a ser una de las mas célebres y apreciadas del mundo.
La emisión está formada por un mini pliego de 4 sellos, en los que el caballo figura como principal protagonista. Su belleza, nobleza y pureza de sangre aparecen representados junto al cartel anunciador y al logotipo de lo que fue la Exposición Mundial de Filatelia España 2000. La muestra tuvo lugar en Madrid, el 3 de Noviembre de 1999.
Los cuatro sellos representativos del Caballo Cartujano fueron reproducciones de óleos de José Manuel Gómez. Dicha serie de sellos está actualmente agotada.
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La labor artística de José Manuel Gómez a sido publicada en múltiples periódicos y revistas internacionales, incluyendo las siguientes: “Joie de Vivre Oh La La Marbella”, “Pura Raza”, “El Caballo Español”, “The PRE Horse (USA)”, “Sevilla Información”, “Espacio y Tiempo Dr. Jiménez del Oso”, “Suel Exclusive”, “Azul Andalucía”, y Florida Design’s Art Galleries and Antiques.
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José Manuel Gómez es nombrado hijo predilecto de Fuente Obejuna. Es el segundo de solo dos que han recibido este honor; el primero fué Don Miguel Castillejo Gorraiz, prelado del Papa y Presidente de Caja Sur. (DIARIO
CÓRDOBA Martes, 29 de abril del 2003, pg. 60)
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La Rotonda de Santos Rein llevara el nombre del pintor José Manuel Gómez.
(SUR Domingo, 5 de noviembre del 2000, pg. 12)
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Reconocimiento a un gran pintor por su labor artística. (DIARIO Sábado, 11 de diciembre de 1999,
pg. 30)
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Medio centenar de personas acompaña a José Manuel Gómez en el homenaje que
le tributó la corporación local. (SUR Sábado, 11 de diciembre de 1999,
pg.10)
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Presentado es el cartel de la feria de la Virgen del Rosario en la Casa de la Cultura. (SUR Domingo, 3 de septiembre del 2000, pg. 12)
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José Manuel Gómez ilustró con sus obras los libros del Historiador Malagueño Juan Carlos Altamirano, "Historia de los Caballos Cartujanos" y "El Caballo Español con los Reyes Borbones".
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Oscar Arias, presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz, y Guido Sáenz, Ministro de Educación de Costa Rica, inauguraron la exhibición de arte de José Manuel Gómez durante la Conmemoración del 5to Centenario de la Conquista Española, el cual fue celebrado en el Museo Nacional de San José, Costa Rica en 1987. José Manuel Gómez fue el artista que representó a España en este intercambio cultural entre Costa Rica y España. |
Olivier Guishard, Ministro Francés de Educación e Yves Rocher, magnate francés de la cosmetologia, auspiciaron la exhibición de arte de José Manuel Gómez en la Galerie Ives Jaubert, París, Francia en 1970. |
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ENTREVISTA CON JOSÉ MANUEL GÓMEZ
(SUR Martes, 9 de Noviembre de 1999, pg. 14)
A pesar de que José Manuel Gómez, pintor afincado en Fuengirola desde hace 25 años, jamás considera que su obra ha llegado a la cumbre, cuatro de sus cuadros cuentan ya con el reconocimiento de que supone que Correos los haya seleccionado para plasmarlas en sellos de curso legal. Con esta edición además, Gómez conseguirá una de sus metas como creador: desenterrar al caballo cartujano del olvido en el arte pictórico.
¿Que se siente saber que su obra se editara junto a otras de maestros como Miró, Dalí, o Mingote?
Como es lógico, una satisfacción enorme y un orgullo evidente. Al margen de eso, cualquiera en mi lugar, sentiría el regocijo de saber que lo que hace tiene reconocimiento por parte de instituciones Correos.
Nació en Córdoba, pero vive en Fuengirola desde hace 25 años. ¿Se siente ya de aquí?
Bueno, si, nací en Fuente Ovejuna, pero después de todo este tiempo este ya es mi pueblo. Yo lo elegí para vivir, además aquí tengo a mis mejores amigos, aquí nacieron mis hijos y aquí están las personas a las que más quiero. A lo largo de estos años, he tratado amistades que han estado siempre cerca de mí, que son ya parte de mi vida.
Creo que los caballos tuvieron algo que ver en su decisión de vivir aquí. ¿Es cierto?
Si, la verdad es que mucho. Lo que me convenció, sobre todo, fue el gran impacto que causaron en mi los caballos. Descubrí aquí un panorama que no sospechaba, un ambiente y una afición y pasión por el caballo que no conocía. Yo pensaba que solo había trajina, risas, y después he visto aquí mas caballos que en ningún otro sitio del mundo.
El caballo cartujano es el protagonista de estos sellos. ¿Que interés tiene por ese animal?
Me apasionan los caballos. No han sido una constante en mi pintura, pero estoy ahora en una etapa en la que representan mi máximo objeto de interés. Puedo decir que entiendo de caballos y eso facilita mi labor. En realidad, pienso que no se puede pintar bien a los caballos, ni a los animales en general, si no se conocen. En cuanto a mi interés por los equinos cartujanos, pinto lo que tengo como leyenda del caballo andaluz. Me parece mágica la labor de estos monjes con los caballos y nadie la ha plasmado en pintura. Me interesa descubrir a caballos en un entorno humano, sacados de su contexto natural, pero donde no estorban. No existe historia de la pintura española donde se vea el caballo. Los ingleses han pintado a sus caballos, y las razas árabes también han sido más representadas en las pinturas arabescas francesas, pero en nuestra pintura solo hay cuatro obras ecuestres de Velásquez. Yo tengo el orgullo de poder decir abiertamente que he sacado del olvido al caballo, he pintado sobre un tema inédito.
A veces los pintores lo pasan mal porque no es una profesión estable. ¿Cuando se da uno cuenta de que, pese a esto, es pintor?
Vivir de la pintura no es siempre fácil, se pasan buenos y malos tiempos, a veces verdaderos apuros económicos. Quizás se puede decir que es pintor el que ya ha pasado por todas estas situaciones. Pero decir exactamente el momento en que uno ya es pintor es muy difícil, no es como ser arquitecto. Uno es pintor cuando todo cuanto gira a su alrededor, en su vida, se hace pintura. Ser pintor es pensar en pinceladas. Es imposible cercar ese momento y decir: ahora soy pintor.
¿La pintura es su medio de expresión?
La pintura es un lenguaje en si. Al final, es lo que eres y como eres, sea cual sea la versión que uses para darte a conocer con el pincel.
¿Y su inspiración?
Francamente, nunca he llegado a saber que momentos ni situaciones me son mas propicias para pintar. A veces entro en mi estudio pensando que va ser un día maravilloso y al final, resulta desastroso. Desgraciadamente, no he encontrado esa fuente, en algún sitio debe estar, si existe. Quizás llamamos así a una serie de elementos que llevan al pintor en sus momento optimo, una disposición psicológica. Yo no he visto ningún paralelo entre mi capacidad para pintar y otra situación, todavía.
Pero, ¿vivir en Fuengirola ha marcado su obra en algún sentido?
Si. Quizás no en el sentido temático, por ejemplo no soy un hombre de mar, soy más bien de tierra. Pero si es verdad que aquí me encuentro bien. Por mi ventana veo un impresionante paisaje de montaña. Son pequeñas cosas que están ahí cuando pinto.
Dígame, ¿quien es su ídolo en la pintura?
No puedo elegir. He tenido determinados momentos en mi carrera en que me he guiado o dejado influir por distintos pintores. Si debo decir uno, "San Diego Velásquez", esta siempre en mi mente. Como cuando todo lo que se habla esta bien dicho, todo se entiende, cuando Velásquez pintaba, lo pintaba todo tan bien que se entendía perfectamente.
¿Que cuadro suyo guardaría?
Desde el momento en que mi máxima satisfacción es que mi obra sea acogida, porque sin eso no tendría sentido, no le veo sentido apropiarme de mis obras. Además mis cuadros nunca me parecen redondos, perfectos. Cada uno es un paso para llegar a otro, y ninguno tendría valor si no interesaran a quien lo ve. Por eso jamás me quedaría con un cuadro si alguien lo quisiera más que yo.
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Críticas
LAS SUGERENCIAS DE JOSE MANUEL GOMEZ
Fabio Fournier (Rector de la Universidad Centroamericana (UACA) de Costa Rica)
Decía Henry Bergson que toda la materia tiene un “élan de vivre”, un impulso de vida. Conversando con José Manuel Gómez y oyendo como se apodera de él el ansia de un cuadro, como lo sueña, como lo concibe; aquellas palabras del gran filosofo francés se vienen a la mente.
Tal vez en un sentido inverso, como la expresión mas sutil de la vida, que es el ensueño, la poesía, la idea pura, surge la obra literaria o artística como materialización de aquel proceso de pensamiento y de emoción inicial. Y entonces razona uno con Calderón, “que toda la vida es sueño...”. Pero, permítanme un corolario en contrapunto: que los sueños son la vida, la única y verdadera vida.
En las telas de José Manuel, sus ensueños, sus emociones intimas mas profundas, el alma misma del pintor, van al encuentro de los seres y de las cosas imaginadas para darles vida. Es así como sus vivencias mas intimas quedan definidas por la magia de la línea, la forma y el color.
En los cuadros de José Manuel, sus horizontes se alejan, se esfuman, se pierden en lo infinito. Sus nubes se escapan de su verdadera dimensión y nos parecen llenar un cielo de realidades. Están impregnadas de color, de forma, de humedad y nos hacen presentir la lluvia y el brotar de la vida.
Todos estos oleos, captan la emoción y el pensamiento del observador, que pierde la noción del espacio y tiempo en el que vive. Su espíritu se transporta al paisaje, al instante y a la atmósfera que el pincel del pintor plasmó en tela.
No es pintura realista. Es pintura de ensueño, de poesía y de mística. A veces saturada de fina ironía o portadora de un mensaje de honda filosofía. Y así nace la catedral rompiendo la corteza de rocas de la tierra y se eleva desde la profundidad de los abismos hacia la luz. Intactos sus encajes de piedra.
El pincel sigue describiendo el alma de las piedras, el alma de la catedral y la misteriosa comunión que existe entre ellas. Entre la piedra y la argamasa perecedera, el espíritu inmortal que escapa, se revela a quedar encerrado entre las cuatro paredes de una arquitectura, de un estilo, o de una mística. Asciende siempre en busca de lo infinito.
El pintor ha soñado los motivos de sus cuadros. Luego, los ha expresado en un lenguaje claro y preciso, de forma impecable y luminosidad extraña.
José Manuel, que domina la forma y el color a la perfección, solo se sirve de ellos para introducirlos en un mundo de ensoñación. Embrujados, sorprendidos, viajamos a través de un universo irreal, irónico a veces, filosófico en otras, sugerente siempre. Frente a sus cuadros, sentimos la nostalgia del sueño preñado de recuerdos, de tristezas y alegrías lejanas, del descubrimiento que estuvimos a punto de hacer en la penumbra del subconsciente.
Voy a tener, sin embargo, que expresar el valor que para mi representa, en cualquier obra de arte, o quizá mejor, lo que para mi exige definitivamente cualquier obra artística, su capacidad de sugerencia.
Cuando el dibujo y el color nos hacen intuir algo que esta mas allá de lo que la obra muestra a primera vista, cuando esta nos sugiere seres, ambientes, emociones y anhelos, indiscutiblemente estamos bajo el hechizo del autor que nos insinúa pensamientos que no están en la obra misma, sino mas allá de ella.
Si estoy en lo cierto y si esta facultad de sugerencia es en verdad una manifestación de la esencia del arte, de la capacidad de los grandes artistas, no hay duda que José Manuel es uno de ellos.
Toda su obra está impregnada de esa potencia sugerente. Todos sus cuadros dicen mucho mas de lo que el pintor, en forma y color, hizo tangibles. Tienen un mensaje de amor, de ternura o de cordial humorismo que sonríe ante los innumerables absurdos del hombre, ante tanta y tanta ideología que condenaría una lógica clara; como ver el maravilloso ensueño de los ángeles, susceptible de tragedias propias de los humanos.
LA LEYENDA DEL CABALLO ESPAÑOL
Javier Rubio Nomblot (Crítico de arte, escritor y periodista Licenciado en B.B.A.A.)
Nos sorprendió, al verla, su pintura: recordarán algunos de ustedes el mundo onírico y bosquiano de José Manuel Gómez, tal y como se mostró en la madrileña galería Heller en 1991, pero acaso nunca hayan podido contemplar sus pinturas de caballos, puesto que la mayoría de ellas han sido expuestas, a lo largo de los últimos años, en América. Estas no nos muestran ya los desolados paisajes poblados de personajes insólitos –algunos de ellos, viajeros del tiempo proyectados mágicamente de una época a otra – sino una serie de interiores, -claramente Velazqueños unos, barrocos en cualquier caso todos ellos-, en los que se desarrolla algo semejante a una leyenda, a una alquímica operación cuyo significado e importancia para la historia de España y la afirmación de su cultura no han de escapársenos.
José Manuel Gómez visitó las estancias sombrías, en las que nada ha cambiado desde entonces, se documentó, soñó y acaso atisbara entonces, entre las sombras, aquello que ahora nos cuenta en sus cuadros. Nos es difícil imaginar la pasión por la pintura y por los caballos (pese a todo, no es este un tema muy frecuente en su obra) de este artista. Además de su pintura, nos cautivaron su erudición, esa infrecuente fluidez en el habla, esa riqueza de vocabulario, de ideas que se refleja luego en sus cuadros: están estos ambientados en cualquier época, nos hablan de diversas formas de entender la pintura, de la historia y de los mitos, y en ellos queda patente que el pintor conoce y domina las técnicas de los antiguos y los modernos maestros, ya sean estos pintores flamencos, barrocos españoles o expresionistas de la Escuela de París.
Así, pocas veces hemos visto, tras una obra, tanto esfuerzo, tanta ilusión y valentía: se alza la pintura de José Manuel Gómez majestuosamente desde las movedizas arenas del auto didactismo hasta la sabiduría, el conocimiento, la sencillez, la perfección. Quienes nos conozcan saben de nuestra desconfianza hacia el autodidacta pero también de nuestro convencimiento de que él puede ser asimismo la perla, cuando sobrevive a sus propias virtudes, sabe poner a prueba y aun renunciar a lo innato y acercarse con humildad a los maestros. En la erudición de José Manuel Gómez, en su seriedad y su amplitud de miras se halla el secreto de esta victoria.
CORDOBA ES ARTE - JOSÉ MANUEL GÓMEZ
A.M. Campoy (Miembro de la Asociation Internacional des Critiques D'Artes (París) y Real Academia de Arte)
Para retrotraerse - exiliarse podría decirse - a una época pretérita de la historia del arte hay que estar en posesión de unos medios expresivos – oficio, imaginación – eficaces y convincentes, y sentirse animado en un deseo de creador – vivificador – capaz de no caer en la tentación de lo meramente imitativo. En la literatura romántica Walter Scott salió airoso en tal empeño ; la pintura historicista, en cambio, sólo alcanzó la <mise en scène> de una evocación teatral. José Manuel Gómez, formado en Paris como pintor, acunado en su ensoñación por hadas bretonas (alucinándose en los climas legendarios de Rennes, Vannes, Saint-Malo, custodios de arcanas memorias del duque Alain de Bretaña, tutor de Guillermo el Conquistador), ha puesto en pie, corporeizándolo, en imágenes y en la manera, todo un pasado poblado de fantasías que caen como agua de Mayo en la prolongada barbechera de nuestra época. Sus composiciones nacen desde una espontaneidad zúrrela que las libera de cualquier pompierismo, y su mano de pintor libra a lo que hace cualquier parentesco con la ilustración.
Ante estos cuadros pensamos – sin asociarlos a la parodia – en el mágico taller del Bosco en Bois-le-Duc, en las babeles de Brueghel, en los tipos de Van Aken. La epidermis del cuadro, su textura, es de una sensualidad flamenca literalmente grata, propiciada por un empaste tan feliz que la pincelada renuncia a su referencia para posibilitar la exacta distribución del color, sus transparencias...Y cómo es posibles esta afinidad temperamental entre el pintor andaluz y sus invenciones goticistas? Es, no se olvide, una afinidad muy antigua ya en el arte andaluz, veteado como esta de disciplina e impasibilidad germánica: un Ethos nórdico que impide casi siempre la manifestación del sonriente Eros de los países del sol.
José Manuel Gómez , como un mago (un creador de formas, un pintor), levanta y pone en marcha un mundo que creíamos sepultado para siempre en los museos.
JOSÉ MANUEL GÓMEZ
O LA FASCINACIÓN DE LOS MISTERIOS
Manuel Gahete (Poeta)
Un enérgico halo de nostalgia prende la luz callada y fulgida de la pintura gótica del pintor melariense, universal por convicción, por andadura propia; un aliento cósmico de belleza aprisionada y no, por ello, menos serena y embrigante.
En la revelación del sueño, José Manuel aviva la fantasía del alma; un sueño sin limites que parece abocado a la tragedia de los héroes, a la quimera de los conquistadores, a la realidad herbecida en la orilla ultima de la infancia donde todo parece posible; un sueño que se sueña a si mismo emulando así la eterna utopía de los graves poetas del pensamiento inopinado: Calderón, Apollinaire, Bergamin, Lorca.
Persigo en los libros abiertos de sus cuadros hondonadas y cúspides, el rastro de la vida que José Manuel Gómez dilapida y alumbra, sin dejar que adolezca un solo palpito de posible esperanza. En la ternura y en la ironía, en la sinceridad y en la crudeza, el creador se convierte en extraño arúspice de los secretos humanos. Desde la simplicidad impenetrable de un atardecer o un alba en vilo hasta los mas crípticos espacios de una nueva mitología de extraños dioses, José Manuel jamás nos interroga; deja que el mar penetre en nuestros ojos y en nuestros huesos hunda su abrigado ardor de algas de frío.
José Manuel Gómez nos completa desde el espejo cóncavo de su imaginación esclarecida y refleja en esa paradoja de existir la historia de los hombres con el signo indócil que ni la esclavitud somete; como el caballo ardido entre las sombras, símbolo de la libertad, de la potestad, de la potencialidad, de la hermosura. Caballos de la luz que flagran y ensombrecen el entorno de ritos ancestrales, poderosos y mansos, humildes e imperiosos, ajenos a los rudos menesteres, a las miradas cavilosas, al receloso amago del olvido, a la turbia coraza de la muerte. Caballos, ángeles, pegasos, hombres investidos por esa luz grabada en la piel interior de los misterios que solo los creadores son capaces de transgredir sin macular o hender herida alguna; de la misma manera que, convertidos en seres de luz, ya nada ni nadie puede traspasarlos.
UN PASEO POR LA HISTORIA
Javier Rubio Nomblot (Crítico de arte, escritor y periodista Licenciado en B.B.A.A.)
Hace más o menos un año, mientras me documentaba para prologar una exposición que con motivo del Año Internacional del Caballo se realizaba en Jerez de la Frontera (y en la que por supuesto figuraba nuestro pintor), comprobé con cierto asombro que el gran libro sobre El Caballo en el Arte Español, de Altamira a Barceló está aún por hacer pese a que, como cualquiera podrá intuir, es este un tema que da para un espléndido trabajo. El libro más completo que hallé correspondía a otra exposición, Mil años del Caballo en el Arte Hispánico, celebrada en el Real Alcázar de Sevilla en 2001 y me lo proporcionó, cómo no, José Manuel Gómez, pintor de exquisita sensibilidad y gran conocedor del mundo del caballo al que conocí con ocasión de su última individual en esta misma galería.
Al poco de clausurarse la individual de José Manuel Gómez en esta sala se publicó la Historia de los Caballos Cartujanos de su amigo y admirador Juan Carlos Altamirano, cuya cubierta – un cuadro muy parecido a El Mago - e ilustraciones corrían a cargo de nuestro artista. Lo tratado en este libro y en el anterior de Altamirano, Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba, es importante para entender una obra que, a la vista está, se centra en unos escenarios muy concretos y narra – en forma de fábula, pues se deslizan siempre en estos cuadros algunos elementos de esos mundos fantásticos, plenos de alusiones a El Bosco, que pintaba en los años 80- una historia verídica: ni más ni menos que la del origen del pura raza español.
Valiéndose de sus conocimientos sobre la historia del Caballo Español, de su fecunda imaginación y, desde luego, de su sabiduría de pintor, José Manuel Gómez viaja por el tiempo hasta las caballerizas de la Cartuja de Jerez, a principios del siglo XVIII. Si el caballo centra aquí las composiciones y aparece rodeado de personajes que lo cuidan y lo estudian, y si parece resplandecer bajo alguna luz cenital, es porque cada uno de estos ejemplares fue, en aquel momento, una auténtica joya: desde principios del XVII -momento en que la cabaña equina en España se hallaba en un estado tan lamentable que hubo de procederse por orden real a la mejora sistemática de la raza- hasta finales del XVIII, se desarrolló en conventos como el de los cartujos un largo proceso que desembocó en el nacimiento del pura raza español.
Esta historia, que a menudo se confunde con la leyenda, fascina desde hace muchos años a José Manuel Gómez, quien en sus cuadros recrea escenas de la cría, el cuidado, el análisis y el inventariado, bajo la mirada atenta de los monjes, de aquellos caballos espléndidos. Y de hecho José Manuel Gómez pinta estos animales como nadie lo ha hecho: desde el conocimiento preciso de cada uno de esos detalles de su anatomía y de su expresión que los diferencian de otras razas y los hacen únicos.
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